domingo, 15 de abril de 2018

La restauración del pecador


1 Juan 1:7.......pero si andamos en luz,  como él está en luz,  tenemos comunión unos con otros,  y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.


El hombre sin Dios arruina su vida, si no vea los hogares de rehabilitación llenos, las clínicas de reposo mental llenas,  las emergencias de los hospitales llenas , las cárceles en asinamiento , el cementerio lleno, el infierno lleno, todos ellos reflejan esta gran verdad.


El vivir sin Dios durante tantos años trae consecuencias, algunas de ellas no se pueden borrar, es como el hombre que en su intento de derribar un gran árbol fracasa y decide no continuar en esa labor, en ese árbol quedarán las huellas del hacha y del machete pero el árbol continúa plantado.


Dios esta interesado en restaurar al hombre derrotado por el diablo. Y las marcas del pecado sólo serán un testimonio de que estamos en pie por su gracia.


El primer paso para la restauración es ser lavados por su sangre de acuerdo a lo que dice las escrituras en el libro de Isaías 1:16 dice: "Lavaos y limpiaos;  quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos;  dejad de hacer lo malo"


Sólo la sangre de Jesus tiene el poder de limpiar nuestra conciencia y nuestra alma de los pecados cometidos, para ello necesitamos andar en Luz lo cual significa estar con Cristo, creer en su sacrificio, reconocer lo que a El hizo en la cruz.


La gravedad del pecado se revela por el inmenso costo de la expiación —la pena es la muerte, y debe ser pagada por el culpable, o por un sustituto aceptable. Sólo la Sangre de Jesús tiene ese poder


Un día, estando Juan el Bautista en el río Jordán,  vio a Jesús que se acercaba y dijo : " He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo........."el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" entró en la escena de la historia del hombre pecador, Él había sido "destinado antes de la fundación del mundo", y vino a la tierra para cumplir el asombroso plan de la redención del Señor con el derramamiento de su sangre preciosa (1 P 1.18-20).


Sin la sangre de Cristo, nadie puede tener una relación con el Padre celestial. Porque Dios es santo, nuestro pecado bloquea cualquier posibilidad de relación con Él. Pero, por su amor, el Señor puso en marcha un proceso de reconciliación. La preciosa sangre de Jesús ofrece todo lo que necesitamos para acercarnos al Padre.


 Hebreos 10.19-22 nos enseña que podemos entrar confiadamente en el Lugar Santísimo por la sangre de Cristo. 


ORACION


Señor Pedro te dijo  "Señor,  lava no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza" igual te digo hoy lavame de todas mis maldades me arrepiento, me duele haber pecado contra ti, creo en el poder restaurador de tu Sangre, hoy acepto la redención por medio de tu preciosa Sangre.


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