sábado, 24 de septiembre de 2016

Día 265 El Espíritu Santo y la templanza


Galatas 5:23…Mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Templanza es estar bajo el control del Espíritu Santo. La templanza es la fuerza dada por el Señor en nuestro interior, que controla nuestras pasiones y deseos y para lograrlo, sólo será posible si andamos  en el Espíritu.

Si andamos en la carne, según nuestros deseos o pensamientos, lo que surgirá ante una tentación o dificultad o una agresión será nuestra naturaleza caída, nuestro yo que ofrece poca resistencia.

La templanza nos da el control para las decisiones. Debemos ejercer el dominio propio con la ayuda del Espíritu Santo. Algunos se preocupan por comer saludablemente para conservar la salud, y eso está muy bien. Note que esto lo puede hacer una persona  sin tener el fruto del Espíritu Santo, solo por el interés de verse bien o por salud.

A lo que se refiere la Biblia es que, cuando un ser humano rinde su vida a Dios y permite el Señorío de Cristo en su vida, esa relación produce en él un fruto llamado templanza, con el cual, no con sus propias fuerzas sino con las de Dios, él puede vencer las tentaciones, incluida la gula.

Nada de lo que nosotros hagamos por disciplina, por esfuerzo personal, por bien educados, es suficiente para contener el pecado. Lo único que nos da un seguro de no ofender a Dios es precisamente una buena relación con El Espíritu Santo.

Necesitamos templanza y dominio propio en: la manera en que pensamos, en la manera en que comemos, hablamos, administramos el dinero, en el uso del tiempo.

Necesitamos templanza también en nuestras actitudes. Para levantarnos muy temprano y buscar a Dios.
Para vencer la lentitud y la pereza, para servir a Dios. En los deseos sexuales pecaminosos, en la manera de vestirnos. etc.

Dios nos eligió y nos ha puesto para que llevemos fruto (Juan 15:16).
Él es la vid y nosotros los pámpanos, debemos permanecer en Él, porque separados, nada podemos hacer.

Proverbios 2:3 dice "Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces  entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios.

Aquí se refiere es a la búsqueda de Dios. Si le buscáremos como buscamos el sustento material, nuestra vida sería distinta.

Declaración 

Señor, hoy comprendo aún más lo importante que ha sido para nosotros la muerte y resurrección de Jesús. Es posible morir al pecado y nacer de nuevo, por el poder que obró en Jesús al resucitar de entré los muertos. Gracias por la oportunidad que me das al escuchar tu palabra.



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