martes, 13 de diciembre de 2016

Día 348 La fidelidad


Lucas 22 : 43.......Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

El pasaje relata el momento en que Jesús está orando en el huerto de Getsemaní. La angustia al saber que lo venían a apresar para matarlo, el dolor al conocer que uno de sus íntimos discípulos lo estaba traicionando, la indiferencia de los once ante su sufrimiento, evidentemente hizo que Jesús pasara por un momento difícil.

Esas grandes gotas fueron el primer derramamiento de sangre que Jesús tuvo en aquél día. Completamente solo, se mantuvo absolutamente fiel en lo que tenía que hacer: entregar su vida por todos los seres humanos. Jesús se mantuvo obediente al Padre, fiel a su llamado, hasta la peor de las muerte, la de la cruz.

Después de la Última Cena, Jesús tiene una inmensa necesidad de orar. Relatan las escrituras en Mateo 26:36 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?

Buscó apoyarse en la compañía de sus discípulos y amigos íntimos y los encontró durmiendo; pero, entre tanto, uno no dormía; el traidor, Judas, conjuraba con sus enemigos el entregarle. Jesús siendo inocente, carga con los pecados de todos y cada uno de los hombres, y se ofreció, con amor, como Víctima para pagar personalmente todas nuestras deudas... y  sólo recibió olvido y menosprecio.

¡Cuánto hemos de agradecer al Señor su sacrificio voluntario para librarnos del pecado y de la muerte eterna! En nuestra vida puede haber momentos de profundo dolor, en que cueste aceptar la Voluntad de Dios, con tentaciones de desaliento.

La imagen de la Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos nos enseña a abrazar la Voluntad de Dios, sin poner obstáculo alguno ni condiciones, aunque por momentos pidamos ser librados, con tal de que así pudiésemos identificarnos con la Voluntad de Dios. Debe ser una oración perseverante.


Declaración

Gracias, Señor, por la  sangre derramada por Jesús en el Getsemaní, la cual nos dio muestra de la fidelidad hacia el Padre al cumplir su propósito, por lo cual, hoy declaro que  seré fiel a Dios en todo.




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