jueves, 21 de septiembre de 2017

Las setenta palmeras


Éxodo 15:27......Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.


Dice Éxodo 15:22: "e hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur;  y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua…”  Caminar por el desierto no es fácil. En ese lugar no hay agua ni árboles, por lo tanto, no hay muchos animales que puedan sobrevivir bajo esas condiciones, de tal manera que el ser humano no tiene de qué depender y en cuestión de días morirá.

La primera experiencia de los israelitas al cruzar el Mar Rojo fue que.... "Anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua." La expresión "tres días",  aquí  significa un término de muerte. 

Los israelitas después de salir de Egipto tuvieron sed y en medio del desierto  encontraron una fuente de aguas amargas que no se podía beber. En vez de clamar a Dios, le reclamaron. Éxodo 15:24 dice:
“Entonces el pueblo murmuró contra Moisés,  y dijo: ¿Qué hemos de beber?”

Dios les revela su gracia al permitir que encuentren un reposo en medio del desierto.

Caminar por el desierto sin agua tipifica caminar en este mundo sin la palabra de Dios, lo cual es muerte. Todo esto resulta en amargura para el ser humano. Es imposible vivir feliz sin su palabra en nuestro ser, así como es imposible vivir sin agua en un desierto.

Luego de caminar más adelante, encontraron un oasis con doce fuentes de agua y setenta palmeras. En el pasado, alguien plantó una palmera en ese lugar. Mire lo importante que es plantar para que otro viva. Las raíces de la palmeras cavan profundamente, hasta  encontrar agua, veinte, treinta metros, luego con el tiempo, las palmeras dan fruto y se reproducen.

Cuando hay setenta palmeras reunidas, es tanta la humedad que atraen a la superficie, que ya hay vida vegetal a su alrededor y fuentes de agua que son de vida también.

Nuestro padre celestial es el único que puede plantar una palmera en medio de un desierto seco, así como es el único que plantó a su propio hijo en la tierra. Éste, tras morir,  resucitó, tres días después, de entre los muertos trayendo a otros a la vida eterna.

Cuando un creyente, sea hombre o mujer, joven o anciano, se siembra en la obra de Dios, y echa raíces profundas en una congregación cristiana, atrae la atención del Espíritu Santo, luego empieza a dar frutos; luego hace que otros se arrepientan y se conviertan al Señor Jesús. Cuando el grupo ha crecido ese lugar, esa congregación es como un oasis en medio de este mundo que perece a causa del pecado.

Declaración 

Gracias Padre por tu palabra en medio de este mundo lleno de tanto pecado y maldad; es como el agua fresca en medio de un árido desierto. Hoy decido consagrar mi vida a tu servicio. Me siembro en tu obra; daré  frutos en ella

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