sábado, 22 de abril de 2017

En la obediencia hay bendición


Marcos 16:16..... El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

Empezando desde génesis encontramos mandamientos fáciles de cumplir que le garantizarán al hombre la vida eterna. En algunos casos, sanidad para su cuerpo; en otros, bendiciones para su familia y en otros, para sus generaciones después de él.

Notamos cómo la desobediencia de algo tan sencillo como "no comerás de este árbol"  trajo un castigo a las generaciones futuras. Romanos 5:12 dice: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

La raza humana estaba contenida en los lomos de Adam, por tanto sus descendientes llevarían el pecado, la culpa y el castigo.

En el libro, de Deuteronomio 28, en el versículo uno al catorce, se nos enseña las bendiciones que traerá la obediencia y del quince al  sesenta y ocho, se enumeran las consecuencias de la desobediencia.

La Biblia nos enseña que hasta el momento en que Jesús murió ningún ser humano pudo cumplir todos los mandamientos de Dios, pues aunque se lo propusieran, en su corazón había una fuerza superior que no les dejaba, obligándoles a pecar. El apóstol pablo lo menciono en el libro de romanos 7:18......."Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

La única forma en que el hombre sería libre del pecado, seria muriendo, pero enfrentaría luego un juicio y un castigo. Algunos consideran que morir para dejar de pecar es lo más fácil, pero la vida continúa y el castigo es cierto.

Nuestro Creador nos dio la solución: creer que Jesús su hijo cargó nuestros pecados y al morir, éstos desaparecieron. Al resucitar, se levantó sin pecados y nos dio un mandamiento sencillo de cumplir: ...."El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado".

El ser bautizado proporciona:

Primero: La limpieza de nuestra conciencia. 1ª Pedro 3:21

Segundo: El ser sepultados con Cristo a través del bautismo. Cuando entramos a las aguas, estamos acompañando, por la fe, la muerte del Señor, y al salir, le acompañamos en su resurrección.

Tercero: Es enterrar nuestra vieja naturaleza y darle lugar a la nueva. Romanos 6:11-13

Cuarto: Tenemos una nueva ley: la del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2). Nos ha entregado una fuerza superior que vence el pecado.

Oración
Señor, seré obediente a tu palabra, pues comprendo que en  ella hay bendición. Por creer, me bautizaré en aguas  y sé que, al salir de ellas, seré una nueva criatura.



No hay comentarios:

Publicar un comentario