lunes, 28 de marzo de 2016

Promesa día 88 Él nos sentará en su Trono



Apocalipsis 3:19-22.......Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Dios nos da una promesa: "un trono y el compartir la mesa con El." ¡Qué gran privilegio! Pero el Señor no cumplirá su promesa en nuestra vida, a no ser que nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados.

Apocalipsis 3:19-22 dice: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Reprensión y castigo son palabras que a nadie le gusta escuchar y menos, cuando le hablan de Dios. Muchos dicen “Dios no es así”, “no estoy de acuerdo”, “él es Amor.” Tienen razón en que Dios es amor, pero también es como fuego purificador.

 Malaquías 3:2 dice: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.”

Las escrituras afirman que el padre que no corrija a sus hijos no le ama. "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” (Proverbios 13:24)

El libro de Proverbios habla de la disciplina. Dice: ......"Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza" (19:18). Esto último da a entender que una disciplina tardía es inútil. 

"No rehúses corregir al muchacho, porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, y librarás su alma del Seol" (Prov. 23:13-14).

La clave de evitar el castigo es no infringir la ley de Dios, y si ya fue infringida, lo que queda es un genuino arrepentimiento, después del castigo. ¿Por qué esperar tanto y no mejor ser obediente?

El Señor está a la puerta. Expresión parecida a la utilizada también cuando Caín desagradó a Dios con su ofrenda. Al quejarse Caín, Dios le dice: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. (Génesis 4:6)

Si tan sólo dijéramos, “Señor, entra en mi corazón. Te abro las puertas,” todas las cosas cambiarían en nuestra vida.

Declaración 
En este nuevo día que me ofreces, Señor, te ruego perdones todas mis ofensas. Invito a Jesús, mi Salvador, a que entre en mi corazón y sea el dueño de mi vida. Prometo serle fiel y obedecerle en todo.





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